Generosidad y felicidad: cuando dar también transforma a quien da

La generosidad transforma la vida de quien da. Foto: Ron-Lach

Por Ana Patricia Cerón GuerrerPsicóloga Sxxi.net

¿Y si una de las formas más profundas de encontrar felicidad no fuera recibir más, sino dar más?

“Me siento feliz cuando le llegan a mis padres mis aportes” decía Juan.

“Soy generosa y veo que la vida me trata con la misma generosidad. Siempre tengo abundancia”, comentaba Sara.

La Psicología y la Neurociencia están ratificando algo que las grandes tradiciones humanistas han planteado durante siglos: la generosidad no solamente beneficia a quien recibe, también puede transformar emocionalmente a quien da.

¿Qué ha encontrado la ciencia?

Veamos algunos hallazgos

Un estudio denominado “A Neural Link Between Generosity and Happiness” publicado en Nature Communications realizado por Soyung Q.Park y colaboradores (2017) en la Universidad de Zurich (Suiza) examinó mediante resonancia magnética qué ocurría en el cerebro cuando las personas tomaban decisiones generosas. Quienes fueron generosos con otras personas mostraron un aumento de la felicidad y una mayor actividad en la unión temporoparietal, junto con cambios en su conexión con el cuerpo estriado ventral, una región relacionada con la recompensa, la motivación y la felicidad.

La evidencia no procede de un solo experimento. Una revisión sistemática publicada en 2023 por Yunxiang Chen analizó 14 estudios empíricos y concluyó que el gasto prosocial —utilizar recursos para beneficiar a otras personas— presenta de manera consistente una asociación positiva con la felicidad.

Brodie C. Dakin y colaboradores de la Escuela de Psicología de la Universidad de Queensland, Melbourne, y Universidad de Otago, Nueva Zelanda en 2022, realizaron un estudio con 1140 participantes encontrando que la generosidad está relacionada no solamente con “sentirse feliz”, sino más fuertemente con experimentar que la vida tiene significado.

¿Cómo practicar a diario la generosidad? Cuatro consejos prácticos

1. Haga cada día una pequeña acción que alivie la vida de alguien
Una llamada, escuchar sin juzgar, acompañar, compartir un conocimiento o algo material, también ayudar con una tarea pueden convertirse en actos profundamente significativos para quien los necesita.

2. Pregunte antes de ayudar: ¿Qué necesita el otro(a) realmente?
La verdadera generosidad no consiste en suponer e imponer lo que creemos que el otro(a) necesita, sino en acercarnos con respeto y disponibilidad ofreciendo el apoyo que el familiar, el amigo(a), el vecino(a), verdaderamente requiere.

3. Regale algo que el dinero no puede comprar: su presencia.
Escuchar con atención, mirar a los ojos y estar verdaderamente presentes puede ser una de las formas más poderosas de hacer sentir que las personas importan y, en este momento de la vida en el que reina la soledad, puede convertirse en una gran acto de generosidad.

4. Practique la compasión con usted mismo(a)
Quien aprende a tratarse con humanidad puede desarrollar una relación más saludable con sus propias dificultades y estar mejor preparado para acompañar las dificultades de los demás.

En conclusión

Quizá la felicidad no consiste en conseguir que la vida nos dé todo lo que deseamos. Talvez una parte de la felicidad aparece cuando descubrimos que siempre tenemos algo para dar: una palabra, una mano, un abrazo, un poco de tiempo, una oportunidad, una escucha, una ayuda silenciosa, algún recurso económico, porque la generosidad puede comenzar con un pequeño gesto, pero su significado es enorme.

Y cuando el amor deja de ser solamente un sentimiento y se convierte en una decisión de cuidar, ayudar, proteger y aliviar el sufrimiento de otro ser humano, adquiere un nombre especialmente hermoso: se llama compasión, la forma más elevada del amor.

Por eso una de las preguntas más poderosas que podemos hacernos cada mañana no es: “¿Qué puedo o qué quiero recibir hoy?”, sino ¿A quién puedo hacerle un poco más amable la vida? No se trata solamente de sentirse mejor, se trata de que también podamos hacer que alguien más se sienta mejor.

Finalmente, la generosidad tiene el poder de transformar nuestra manera de vivir. Cuando damos a los demás, no solo contribuimos a su bienestar, sino que también experimentamos mayores niveles de felicidad, fortalecemos nuestra motivación y descubrimos un sentido más profundo de propósito y significado en nuestra propia vida.

Aprender a dar y compartir con generosidad puede ser uno de los caminos que nos conducen hacia una vida verdaderamente buena, con sentido, más saludable y feliz.

Ahora tomemos acción y que nuestra vida sea un acto constante de generosidad y amor.

Lea y comparta con quien necesite esta información.

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