Portal Sxxi.net– EcoSociedad. En el corazón de la localidad de Teusaquillo, a pocas cuadras del Parque Simón Bolívar, la Universidad Nacional y el Parque de la 63, existe un rincón que desafía la lógica de la ciudad moderna. Se llama el Jardín Utópico, y es mucho más que un huerto urbano: es una escuela viva, un punto de encuentro comunitario y una declaración de que otra forma de habitar la ciudad es posible. Francisco Suárez e Isaura Forero, dos de sus fundadores, reciben cada domingo a vecinos, estudiantes, familias y visitantes de otros países en este bosque urbano del barrio La Esmeralda, que se ha consolidado como referente agroecológico no solo en Bogotá, sino también a nivel nacional e internacional.
Un accidente afortunado que lo cambió todo
La historia del Jardín Utópico comenzó, como tantas grandes cosas, de manera inesperada. Francisco Suárez, lingüista y habitante del barrio, sembró semillas de chachafruto en el patio de su casa —un árbol que alcanza los 25 metros de alto— y cuando los árboles empezaron a crecer, se dio cuenta de que no contaba con el espacio adecuado para tenerlos, por lo cual los llevó al parque del barrio.
Esa decisión, aparentemente menor, fue el punto de partida de lo que hoy es uno de los proyectos agroecológicos más emblemáticos de Bogotá.
Hace más de once años, Suárez se propuso recuperar una zona del parque La Esmeralda que estaba afectada por basuras y escombros. Con la ayuda de varios vecinos del sector le dio vida al Jardín Utópico, un espacio repleto de verde con un tupido bosque, una huerta comunitaria, flores de todos los colores y sillas y mesas elaboradas con materiales reciclados
Hoy, ese espacio transformado tiene 4.200 metros cuadrados de zonas verdes que agrupan jardines internos y verticales, recolección de aguas lluvias, implementación de hábitos de ahorro y manejo responsable de basuras y reciclaje, protección animal, paisajismo y más de 850 árboles de especies como cedro, cajeto, cerezo, urapán, sangregado, acacia, guayacán de Manizales, roble, chicalá y varias palmas.
Una escuela viva a cielo abierto
Para Francisco Suárez, el balance del Jardín Utópico en 2026 es optimista. El espacio funciona como escuela agrícola y genera cohesión social entre habitantes del barrio y visitantes, con vínculos ya establecidos con comunidades de otros países. «La gran ganancia ha sido lograr ubicarnos como un referente agroecológico en el país, inclusive en el extranjero», afirma.
El jardín es un centro de reunión y educación ambiental, donde además de conectarse con la tierra, se realizan talleres de yoga, gimnasia, danzas, música, teatro y lectura.
Francisco define este proyecto como una escultura comunitaria: «Acá aprendemos a través de los intercambios de saberes. Compartimos nuestros talentos y conocimientos y hemos recibido capacitaciones por parte del Jardín Botánico y la Universidad Nacional.»
Los domingos por la mañana, el Jardín Utópico se convierte en una fiesta. Los participantes llevan tinto con romero, galletas, achiras y tortas para compartir mientras charlan sobre el futuro del proyecto o las anécdotas y vivencias de la semana.
Es en ese ambiente de confianza donde germina también la reflexión política y ambiental. La propuesta del jardín va más allá de cultivar plantas: es un ejercicio de conciencia agroecológica pensado para los tiempos que vienen, ante las crisis ambientales globales que se avecinan.
La convocatoria es abierta y generosa. «Un jardín utópico necesariamente es un jardín de ensueños, y por consiguiente es abierto para toda la humanidad», dice Suárez. La única premisa es el respeto mutuo: el espacio cuida de no convertirse en escenario de confrontaciones de tono agresivo, con la invitación a entender al otro «no como el enemigo, sino como el complemento».
A la idea de Francisco se han sumado, entre otras personas, Moshe David, Isaura Forero, Margarita Ortegón, Sandra Forero, Aida Osorio y Edith Trujillo, quien lidera la elaboración de mobiliario con los árboles que ya cumplieron su ciclo de vida, para el disfrute de los participantes y visitantes del parque.
La historia detrás de la Granja Marielita
Anexa al Jardín Utópico, la Granja Marielita tiene su propia historia, contada con emoción por Isaura Forero. Todo empezó de la manera más sencilla posible: Marielita, vecina y amiga de Isaura, quería poner unos pollitos en el parque. Isaura le llevó cinco pollas desde El Rosal, y los agentes del CAI, en aquella época, simplemente dijeron que sí, que el espacio estaba libre.
Esas gallinas crecieron, llegaron los conejos por trueque, luego animales enfermos recogidos de la calle, perros donados por vecinos que viajaban o no podían cuidarlos. Marielita salía a pedir dinero para pagarle al veterinario. Poco a poco, el pequeño corralito se fue llenando de vida y de comunidad.
«Eso era una terapia buenísima para desestresarse del trabajo de la semana, venirse a respirar aire puro, a estar con la comunidad», recuerda Isaura. Los niños, los adultos mayores, las familias: todos encontraron en ese espacio un lugar para distraerse, conversar y reconectarse con la naturaleza. La certificación internacional entregada por Francia reconoció explícitamente el trabajo con animales rescatados en esta granja urbana como uno de los pilares del ecobarrio
Los retos de la granja y la apuesta por el futuro
Hoy la granja enfrenta desafíos reales. Francisco Suárez es claro: las intenciones son buenas, pero hay mucho por mejorar en materia de sanidad animal, mantenimiento general y espacio vital para los animales. Sin embargo, lejos de rendirse, la visión es de alianza con el Distrito para convertir la granja en un espacio cultural y pedagógico de calidad. «Toca humanizar a las personas sobre qué es un ser vivo y cómo son compañeros de convivencia en este planeta», dice.
Adicionalmente, el Jardín Utópico ya está explorando la posibilidad de ampliar la granja hacia la zona rural entre Monserrate y Guadalupe, en los bordes de Bogotá, para albergar animales de mayor calado como vacas y cabras: una apuesta que conecta lo urbano con lo rural en una sola visión agroecológica.
Reconocimiento internacional: el sello verde de Francia
El trabajo silencioso de años no pasó desapercibido. Gracias al esfuerzo de más de diez años de trabajo comunitario y al apoyo de la Alcaldía local, el barrio La Esmeralda fue certificado por el Gobierno de Francia con el sello verde «Eco Quartier», como el primer ecobarrio autosostenible y ecoamigable de Bogotá.
Lo que llamó la atención del consultor del Ministerio Francés de la Transición Ecológica, Tomás Casanova, fue encontrarse con la ejecución total de los siete ejes fundamentales para el desarrollo de un ecobarrio, entre estos las huertas urbanas y todo el potencial de formación ambiental que hay alrededor del parque.
El reconocimiento no se detuvo ahí. En diciembre de 2025, el barrio La Esmeralda se convirtió en el primer ecobarrio reconocido por el programa Bogotá Construcción Sostenible de la Secretaría Distrital de Ambiente, tras alcanzar el nivel avanzado y el mayor puntaje en la categoría Ecobarrio, creada mediante la Resolución 754 de 2025
Entre sus logros concretos: 17 metros cuadrados de Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible, 2.180 litros de agua lluvia gestionados para el riego de las huertas comunitarias, paneles solares en el salón comunal y viviendas del barrio, puntos de carga para vehículos eléctricos, calentadores solares que reducen en un 50% el consumo de gas natural, y la siembra de 142 nuevos individuos arbóreos en el espacio público durante 2024
Un ecobarrio que construye ciudad desde abajo
La comunidad del Ecobarrio La Esmeralda define así su propuesta: «Somos un ecobarrio que le ha dado vida a varias huertas urbanas y defiende y fomenta el cuidado de los parques, arbolado y jardines. Buscamos un modelo de ocupación ecosostenible para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.»
El reciclaje de residuos como botellas, cartón, papel, plástico y elementos tecnológicos, y la elaboración de compostaje para las plantas y los cultivos, tienen una fuerte presencia en este sector. Algunas de las viviendas del barrio están en proceso de convertirse en casas ecológicas: aprovechan la energía solar y tienen techos verdes, huertas caseras y sistemas de recolección y almacenamiento de agua lluvia.
El actual Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá contempla además al barrio La Esmeralda como uno de los 21 bosques urbanos proyectados para la ciudad. Este bosque urbano será una cobertura vegetal multiestrato y multiespecie que actuará como conector ecológico, mejorará los servicios ecosistémicos y promoverá la gobernanza y participación ciudadana.
Isaura Forero lo resume con sencillez y convicción: «Esto es de la comunidad.» Y esa es quizás la lección más poderosa del Jardín Utópico: que el espacio público, cuando se cuida entre todos, puede convertirse en escuela, en terapia, en tejido social y en esperanza. Bogotá, con iniciativas como esta, empieza a proyectarse como una ecociudad donde la naturaleza no es un lujo sino un derecho compartido.
Vea la entrevista reañizad para Portal Sxxi.net en ConVerso con Dario
¿Quiere conocer el Jardín Utópico? Está ubicado en el barrio La Esmeralda, entre las calles 45 y 44C con carreras 52 y 54, localidad de Teusaquillo, Bogotá. Los domingos están abiertos al público.
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