Viajar con mascotas en Colombia: la Supertransporte lanza el primer manual de buenas prácticas para el sector

"...los animales poseen habilidades cognitivas comprobadas, entre ellas el aprendizaje por imitación, que comparten con los seres humanos desde las primeras etapas del desarrollo..." Foto: StockSnap
  • Un país que cambió pero cuyas normas no lo hicieron — el diagnóstico de la Supertransporte.
  • De semovientes a seres sintientes — el marco jurídico y científico explicado por el IDPYBA.
  • El aeropuerto que abrió la puerta — la experiencia de El Dorado como modelo.
  • El taller: una caja de herramientas — contenido, líneas estratégica y operativa, cómo solicitarlo.
  • Lo que reveló el terreno — abandono animal, miedo a la queja y desconocimiento.
  • El debate regulatorio y el mensaje final — la pregunta de IATA sobre la ley y el cierre institucional.

Sxxi.net- Transporte-EcoSociedad La Superintendencia de Transporte presentó oficialmente el taller de buenas prácticas para el transporte de animales en el servicio público de pasajeros. El evento, realizado en el marco del Día Internacional de los Consumidores, reunió a aerolíneas, empresas terrestres, autoridades distritales y expertos en bienestar animal para sentar las bases de una regulación que el país lleva años aplazando.

En Colombia, viajar con una mascota en transporte público puede convertirse en una odisea. El pasajero llega al terminal con su perro o su gato, nadie le informó los requisitos, el conductor no sabe qué documentos exigir, la empresa no tiene una política interna clara y, al final del día, el animal termina abandonado en una banca del terminal. Esta escena, que se repite con preocupante frecuencia en terminales terrestres del país, fue el telón de fondo del lanzamiento oficial del Taller de Buenas Prácticas para el Transporte de Animales, impulsado por la Superintendencia de Transporte.

El evento reunió a representantes de aerolíneas como Satena, Wingo, Latam, Copa Colombia y Turkish Airlines; empresas de transporte terrestre como Expreso Bolivariano, Flota Valle de Tensa y Cooperativa Omega Limitada; terminales de transporte de varias ciudades del país; entidades del Estado como el ICA y el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA); y organizaciones especializadas como Axoa —la Asociación Colombiana de Esoterapia— y CASSE —la Asociación Colombiana de Adiestramiento Canino—. La jornada incluyó intérpretes de lengua de señas, demostrando el compromiso de la entidad con la accesibilidad e inclusión en sus espacios públicos.

Un país que cambió pero cuyas normas no lo hicieron

La doctora Vanessa Martínez, Superintendente Delegada para la Protección a los Usuarios, abrió el evento con un diagnóstico contundente: las familias colombianas han cambiado. Hoy, millones de hogares consideran a sus mascotas miembros plenos de la familia, y esa realidad social se ha adelantado décadas a la regulación existente.

«Las familias ya se conforman de otras formas y por eso es una invitación a tener políticas claras, que esas políticas sean informadas. Estamos prestas a capacitar y entender cómo generar unas acciones concretas que garanticen que estos seres lleguen bien, se transporten bien.»
— Dra. Vanessa Martínez, Superintendente Delegada para la Protección a los Usuarios

Esta brecha entre realidad social y marco normativo fue el hilo conductor de toda la jornada. Expertos, funcionarios y representantes del sector coincidieron en que Colombia tiene vacíos normativos significativos en materia de transporte de animales, y que el primer paso para llenarlos es construir una cultura de corresponsabilidad entre empresas transportadoras, usuarios y entidades del Estado.

Los animales: de ‘semovientes’ a seres sintientes

La charla más conceptual de la jornada estuvo a cargo del doctor Juan Camilo, del área de regulación del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal. Con un tono pedagógico y accesible, el experto explicó el trasfondo jurídico y científico que sustenta la necesidad de una regulación específica para el transporte de animales.

Desde el punto de vista del derecho colombiano, los animales siguen siendo clasificados como ‘semovientes’, una categoría jurídica que los define como objetos capaces de moverse por sí solos. Sin embargo, la Ley 1774 de 2016 introdujo un cambio fundamental en el ordenamiento jurídico nacional al reconocerlos además como seres sintientes, es decir, como individuos con capacidad de experimentar emociones, tanto positivas como negativas.

Apoyándose en investigaciones del reconocido neurocientífico Joseph LeDoux y en el concepto de ‘sentencia’ desarrollado por el doctor Brom, Juan Camilo explicó que los animales poseen habilidades cognitivas comprobadas, entre ellas el aprendizaje por imitación, que comparten con los seres humanos desde las primeras etapas del desarrollo. Esta capacidad de aprender del entorno, de sentir miedo, angustia o bienestar, es precisamente lo que justifica que el transporte de animales no pueda seguir siendo tratado con los mismos criterios que el traslado de equipaje.

En ese contexto, la misma Ley 1774 establece las llamadas Cinco Libertades del bienestar animal, un estándar internacional que las entidades de protección utilizan como parámetro de vigilancia: ausencia de hambre y sed, confort físico, ausencia de dolor y enfermedad, posibilidad de expresar comportamientos naturales, y ausencia de miedo o estrés. Estas cinco libertades, según el experto, deben ser el referente mínimo para cualquier protocolo de transporte de animales en el país.

«No solamente transportamos usuarios. El animal no es la maleta. Y espero que en la charla de hoy comencemos a cambiar esa mentalidad.»
— Dr. Juan Camilo, Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal

El aeropuerto que le abrió la puerta a las mascotas

Una de las intervenciones más concretas y propositivas de la jornada llegó de la mano de un representante del Aeropuerto Internacional El Dorado, quien compartió la experiencia de la implementación de infraestructura especializada para animales en las instalaciones del principal terminal aéreo del país.

El aeropuerto, con más de 225.000 metros cuadrados de área en la terminal, ha diseñado una distribución estratégica de espacios para mascotas. La lógica es sencilla pero poderosa: por cada 22.000 metros cuadrados aproximadamente, existe un espacio habilitado para que los animales puedan hacer sus necesidades fisiológicas. Adicionalmente, en el Terminal T2, el antiguo Puente Aéreo, funciona un centro de mascotas que ofrece servicios especializados a los viajeros que llegan con sus animales de compañía.

La motivación detrás de estas inversiones, según el funcionario, responde a tres objetivos claros: alcanzar estándares de aeropuertos de clase mundial en la atención a usuarios con mascotas, reducir los tiempos operativos —ya que antes de existir estos espacios, los pasajeros debían salir de zonas restringidas para atender a sus animales, generando problemas de operación— y adaptarse a las tendencias internacionales del sector aeroportuario. Esta experiencia fue presentada como un modelo replicable para otros terminales del país.

El taller: una caja de herramientas para el sector

El corazón del evento fue la presentación oficial del Taller de Buenas Prácticas para el Transporte de Animales, a cargo de la doctora Margaret Yarim Fornieles Chipagra, Directora de Prevención y Promoción y Atención a los Usuarios del Sector Transporte de la Superintendencia.

La doctora Fornieles explicó que el taller se construyó a partir de los lineamientos lanzados el 10 de diciembre del año anterior, documentos elaborados de forma conjunta con Axoa y CASSE, y disponibles para consulta en la página web de la entidad (www.supertransporte.gov.co), en la sección Supereducativo, dentro del material didáctico sobre transporte de animales.

El taller tiene dos líneas de formación claramente diferenciadas. La primera, estratégica, está diseñada para directivos y gerencias de empresas transportadoras, y aborda preguntas fundamentales: ¿transporte o no animales?, ¿bajo qué condiciones?, ¿cobro o no por el servicio?, ¿cómo garantizo que las políticas empresariales se traduzcan en la operación cotidiana? La segunda línea, operativa, está dirigida al personal de cara al servicio —conductores, taquilleros, personal de counter en aeropuertos— y se centra en aspectos prácticos: qué documentación exigir, cómo verificarla, cómo manejar los procedimientos de embarque y desembarque de animales de compañía, de asistencia o de soporte emocional, y cómo dar un trato digno a los animales incluso cuando el trabajador no sea un amante de ellos.

Un elemento central del taller es el enfoque en el manejo de conflictos. El transporte de animales puede generar tensiones entre pasajeros: personas con alergias, fobias o miedos a ciertos animales comparten espacio con quienes viajan acompañados de sus mascotas. El taller ofrece herramientas concretas para que el personal operativo sepa mediar en estas situaciones sin vulnerar los derechos de ninguna de las partes.

Las empresas interesadas en acceder al taller pueden solicitarlo escribiendo al correo ppau@supertransporte.gov.co, indicando el enfoque deseado, las fechas tentativas y el lugar. La Superintendencia pone a disposición su propia sala con capacidad para 30 personas, pero también puede desplazarse a las instalaciones de las empresas.

Lo que reveló el terreno: abandono, miedo y desconocimiento

Quizá la intervención más reveladora de la jornada fue la de la doctora Ivón González, coordinadora del Grupo de Promoción de la Superintendencia, quien compartió los hallazgos obtenidos durante las primeras experiencias del taller antes de su lanzamiento oficial. Los números hablan por sí solos: el programa ya ha impactado a 37 empresas de transporte de pasajeros y ha capacitado a 132 personas. Pero lo más valioso no fueron las cifras, sino lo que se encontró en el campo.

El primer gran hallazgo fue la enorme brecha de información al interior de las empresas. En muchos casos, las políticas internas sobre transporte de animales existen en el papel, pero no llegan de la misma manera a todos los eslabones de la cadena: el personal de taquilla maneja información diferente a la del conductor, y este a su vez tiene criterios distintos a los del supervisor del terminal. Esta inconsistencia genera experiencias frustrantes para los usuarios y situaciones difíciles para los trabajadores.

El segundo hallazgo fue más inquietante: existe un miedo generalizado a la queja. Trabajadores operativos admiten haber permitido el embarque de animales en condiciones inadecuadas —huacales demasiado pequeños, animales sin documentación, mascotas en estados de salud comprometidos— por temor a que el usuario presentara una queja ante la Superintendencia. Esta dinámica, en la que la amenaza de una denuncia se convierte en mecanismo de presión para saltarse las normas, fue identificada como uno de los principales obstáculos para garantizar el bienestar animal en el transporte.

«Muchos trabajadores aceptan transportar animales en condiciones que saben que no son las adecuadas, pero por miedo a las amenazas de los usuarios. Lo que buscamos con este taller es que la Superintendencia no sea una amenaza, sino su apoyo y su sustento.»
— Dra. Ivón González, Coordinadora del Grupo de Promoción

El tercer hallazgo fue el más doloroso: el abandono animal en los terminales terrestres. Solo en el Terminal de Transportes del Salitre en Bogotá se han registrado más de 20 casos de abandono de animales. El patrón es siempre el mismo: el viajero llega al terminal con su mascota sin haber consultado previamente los requisitos, al descubrir que no puede embarcar al animal, opta por abandonarlo y continuar su viaje. Funcionarios y empleados del terminal han tenido que asumir informalmente los procesos de adopción de estos animales.

«El patrón es siempre el mismo: el viajero llega al terminal con su mascota sin haber consultado previamente los requisitos, al descubrir que no puede embarcar al animal, opta por abandonarlo y continuar su viaje»

El debate sobre la regulación: ¿por qué solo el modo aéreo?

La sesión de preguntas y respuestas abrió un debate de fondo sobre el estado actual de la regulación. Marcelo Restrepo, representante de IATA, planteó una pregunta que resonó en toda la sala: ¿por qué el proyecto de ley sobre transporte de animales que cursa actualmente en el Congreso terminó limitándose únicamente al modo aéreo, cuando en su versión original abarcaba todos los modos de transporte?

La paradoja es llamativa: el transporte aéreo, que ya cuenta con la reglamentación más completa a través del RAC 3 y con la incorporación de las Life Animal Regulations de IATA, es precisamente el modo que quedaría cobijado por la nueva ley, mientras que el transporte terrestre y fluvial, que carecen de regulación específica y son donde más problemas se presentan, quedarían por fuera.

Restrepo también llamó la atención sobre el problema de la falsificación de documentos de soporte emocional, una práctica que se ha vuelto común en el sector aéreo: cualquier psicólogo firma un certificado, y los pasajeros lo usan como pasaporte para embarcar animales que no cumplen los requisitos. La doctora Fornieles respondió que el taller incluye herramientas para identificar la documentación legítima, que debe provenir de Axoa —la única entidad habilitada en Colombia para certificar animales de asistencia— y que incluye un código QR de verificación.

La posición de la Superintendencia fue clara: se trabaja para que la reglamentación sea homogénea en todos los modos de transporte. El objetivo es que un usuario que tiene un tramo aéreo y luego uno terrestre encuentre las mismas reglas en todo el sistema, y no una selva de políticas inconsistentes según el modo o la empresa.

La Superintendencia no es una amenaza: el mensaje a las empresas

Uno de los momentos más concretos de la jornada llegó cuando una representante de Transportes Alianza tomó el micrófono para relatar un caso real: un usuario que pretendía viajar en un microbús con un pastor alemán, y que, al serle negado el servicio, amenazó con poner una queja ante la Superintendencia. El personal de la empresa, intimidado, terminó cediendo.

La doctora Fornieles respondió con un mensaje directo y tranquilizador. La Superintendencia recibe en promedio 1.000 PQRs mensuales, de las cuales el 70% corresponde al modo aéreo y el 29% al terrestre. Cuando una empresa niega el servicio a un usuario porque este no cumple los requisitos legales o las políticas internas, esa empresa está actuando correctamente. Una queja presentada en esas circunstancias no derivará en sanción para la empresa, sino en una respuesta al usuario recordándole sus responsabilidades.

Además, la doctora recordó que la Superintendencia tiene presencia en 25 aeropuertos del país, y que sus funcionarios —identificables por su chaleco naranja— están disponibles para mediar en conflictos entre pasajeros y operadores en tiempo real. La entidad también cuenta con un asistente virtual llamado Civicot, accesible desde su página web, donde usuarios y empresas pueden hacer sus peticiones, quejas y reclamos.

Un paso adelante en una deuda histórica

El lanzamiento del taller de buenas prácticas marca un hito en la construcción de una política pública que Colombia lleva años aplazando. No se trata solo de proteger a los animales —aunque eso sea en sí mismo suficiente razón—, sino de garantizar que el servicio público de transporte de pasajeros sea verdaderamente inclusivo para el tipo de familias que existen hoy en el país.

Los retos son enormes. La regulación es fragmentada, el desconocimiento es generalizado, el miedo a la queja distorsiona la operación y el abandono animal en terminales es una realidad cotidiana que avergüenza al sector. Pero el hecho de que todos los actores —aerolíneas, empresas terrestres, autoridades distritales, organizaciones civiles y entidades del Estado— se hayan sentado en la misma mesa es, en sí mismo, un avance significativo.

La Superintendencia de Transporte, que este año celebra sus 35 años de existencia, parece haber encontrado en este tema una oportunidad para demostrar que su función no se limita a sancionar, sino también a construir cultura, a capacitar y a acompañar a un sector que enfrenta realidades sociales nuevas con herramientas del siglo pasado. Las familias colombianas ya cambiaron. Ahora es el turno de las normas.

Fuente: Evento de lanzamiento del Taller de Buenas Prácticas para el Transporte de Animales, organizado por la Superintendencia de Transporte de Colombia en el marco del Día Internacional de los Consumidores. Para acceder al taller: ppau@supertransporte.gov.co | www.supertransporte.gov.co

Gracias por su Donación.

Le puede interesar

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*