Active el botón antiestrés de su cuerpo: el nervio vago

Muchas personas llegan a la mediana edad sintiendo que su cuerpo ya no responde igual: el estrés parece más intenso, el sueño pierde calidad, aparecen molestias digestivas, aumenta la ansiedad o se experimenta una sensación persistente de cansancio. Aunque estos cambios tienen múltiples causas —como las variaciones hormonales propias de la perimenopausia y la menopausia, el estilo de vida y el envejecimiento—, la ciencia ha identificado un protagonista silencioso que participa en gran parte de estos procesos: el nervio vago, una estructura ampliamente estudiada por la neurociencia, la fisiología y la medicina moderna.

Conozca al nervio vago

El nervio vago es el décimo par craneal y el nervio más largo del sistema nervioso parasimpático que controla funciones que ocurren sin que tengamos que pensar en ellas, como la respiración, la frecuencia cardíaca, la digestión y parte de la respuesta inmunológica.

El nervio vago nace en el tronco encefálico y desciende hacia el cuello, el tórax y el abdomen, estableciendo conexiones con el corazón, los pulmones, el hígado, el estómago, el intestino y otros órganos. Aproximadamente el 80 % de las fibras del nervio vago transportan información desde los órganos hacia el cerebro, mientras que el resto de fibras llevan señales desde el cerebro hacia el cuerpo. Esto significa que existe una comunicación constante y bidireccional entre el cerebro y los órganos internos.

El nervio vago y el manejo del estrés

Cuando enfrentamos una situación estresante, el sistema nervioso simpático activa la respuesta de «lucha o huida»: aumenta la frecuencia cardíaca, se elevan las hormonas del estrés y el organismo prioriza la supervivencia inmediata.

El nervio vago actúa como el principal «freno biológico» de esta respuesta. Al activarse el sistema parasimpático, disminuye la frecuencia cardíaca, la respiración se vuelve más pausada y el organismo entra en un estado de recuperación y equilibrio.

Diversos estudios muestran que una mayor actividad vagal, se asocia con una mejor capacidad para afrontar el estrés, mayor resiliencia emocional y menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. La evidencia sobre esta relación es sólida.

Corazón, digestión y sueño

El nervio vago también ejerce un papel fundamental sobre el corazón. Una adecuada actividad vagal favorece una frecuencia cardíaca más estable y una mejor adaptación del organismo frente a los cambios cotidianos. Una baja actividad vagal se ha relacionado con mayor riesgo cardiovascular, aunque constituye solo uno de muchos factores implicados.

En el aparato digestivo, el nervio vago estimula el movimiento normal del estómago y del intestino, favorece la secreción de jugos digestivos y participa en la sensación de saciedad. Además, forma parte del complejo eje intestino-cerebro, una de las áreas más activas de investigación en la actualidad.

Respecto al sueño, el predominio del sistema parasimpático durante la noche favorece un descanso más reparador. Aunque el sueño depende de numerosos mecanismos cerebrales y hormonales, mantener un adecuado equilibrio del sistema nervioso autónomo parece contribuir a mejorar su calidad.

Bienestar emocional y salud mental

El nervio vago también participa en la regulación de las emociones. Diversas investigaciones han encontrado asociaciones entre una mayor actividad vagal y una mejor regulación emocional, mayor capacidad para establecer vínculos sociales y menor vulnerabilidad frente al estrés.

Cinco hábitos sencillos para favorecer una buena función del nervio vago

  1. Respirar de forma lenta y diafragmática. Respirar profundamente entre cinco y diez minutos al día, con una exhalación ligeramente más prolongada que la inhalación, favorece la activación del sistema parasimpático y puede mejorar la sensación de calma.
  2. Realizar actividad física de manera regular. Caminar, nadar, montar bicicleta o realizar ejercicios de fuerza de intensidad moderada contribuye a mejorar la salud cardiovascular y la regulación del sistema parasimpático.
  3. Priorizar sueño de calidad. Mantener horarios regulares, evitar la exposición a pantallas antes de dormir y crear un ambiente adecuado para el descanso favorecen el equilibrio del sistema nervioso.
  4. Cuidar la salud intestinal con alimentación equilibrada. Consumir verduras, buena proteína y una dieta baja en carbohidratos favorece una microbiota saludable, que interactúa con el eje intestino-cerebro.
  5. Dedicar tiempo a las relaciones sociales y al manejo saludable del estrés. Conversar con personas cercanas, practicar mindfulness, realizar actividades placenteras al aire libre, tomar el sol y mantener vínculos afectivos saludables contribuyen a mejorar el equilibrio emocional y la regulación fisiológica del organismo.
  6. Pequeños hábitos sostenidos en el tiempo pueden convertirse en una de las mejores inversiones para disfrutar una vida más saludable, activa y plena.
  7. Referencias científicas consultadas: Bonaz B, Sinniger V, Pellissier S. The vagus nerve in the neuro-immune axis. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology; Tracey KJ. The inflammatory reflex. Nature; Thayer JF, Lane RD. Claude Bernard and the heart–brain connection. Neuroscience & Biobehavioral Reviews; Carabotti M y cols. The gut-brain axis. Annals of Gastroenterology; Breit S y cols. Vagus nerve as modulator of the brain–gut axis. Frontiers in
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