Miremos a nuestra pareja con el corazón

-El amor, nuestro principal aliado para enfrentar la emergencia del coronavirus. Foto:Maena
Foto: stained-glass-hearts-whimsy
Por Patricia Cerón Psicologa F.S.XXI patyceron@hotmail.com

Reflexión sobre el aumento de la violencia intrafamiliar en Bogotá.

Según datos de la encuesta que adelantó la Alcaldesa Mayor Claudia López, en el tema de convivencia, el 23% de ciudadanos del norte de la ciudad reportaron preocupación por el simulacro en aspectos como “el manejo de los niños en el hogar; y el 15% por convivencia con la pareja”, cifras que llevó a plantear a la mandataria la necesidad de fortalecer la estrategia de atención a víctimas de maltrato.

Hoy, en el tercer día de simulacro, efectivamente subieron a 40 los reportes por maltrato intrafamiliar, circunstancia que hace pensar seriamente en la necesidad de intervenir esta realidad de manera inmediata, porque no se puede admitir que mujeres, niñas y niños, estén sometidos a un régimen de violencia cuando todos debemos procurar resolver esta emergencia en paz, unidos, siendo solidarios y respetando el derecho de todos a vivir una vida libre de violencias.

 Entonces surge la pregunta ¿cómo llegamos a ese punto en el que no podemos mirarnos con amor? ¿cómo es que nos cuesta relacionarnos con nuestros hijos?

El coronavirus nos ha ubicado en una perspectiva distinta; le ha impuesto quietud a nuestra vida alocada, nos ha puesto a pensar qué es realmente lo trascendental en la existencia humana, y también, nos ha instado a evaluar y a mirar con detenimiento a qué le hemos dedicado nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra atención, nuestra pasión, y la respuesta es: a cosas superfluas, sin las que podemos vivir. También nos ha enseñado que, de una u otra manera, hemos desconocido al ser humano que nos acompaña, ese alguien que por alguna razón, está con usted en este momento. Nada de extraño tendría que la vida le esté brindando una segunda oportunidad para que vuelva la mirada a ese ser humano, porque como lo decía Antoine de Saint-Exupéry, en su libro El Principito, “no se ve bien sino con el corazón”.

Y ocurre, que a fuerza de convivir, muchos de nosotros hemos perdido la sensibilidad por el otro, llámese hombre o mujer; no lo valoramos, no le reconocemos su bondad, no entendemos que es un ser humano con emociones, con necesidades, con ilusiones, con intereses, con sentimientos, que nos entrega su tiempo y su vida, y casi que lo cosificamos. De hecho, solo vemos en él o en ella, alguien que nos sirve para algo, adoptando una versión eminentemente pragmática de utilización del otro; sencillamente lo convertimos en esa persona que nos facilita la vida, pero que no merece de nosotros ni siquiera las gracias.

Este coronavirus que a muchos nos ha exigido estar cerca de la familia, de la pareja, de los hijos, nos tiene que invitar a pensar sobre esa persona con la que convivimos y hemos descuidado, sobre la necesidad de estrechar lazos afectivos,  de volverla a mirar con amor, con reconocimiento y valoración; nos convoca a volver a interesarnos por sus necesidades, por sus emociones; nos debe orientar a retribuir con amor su esfuerzo; a agradecer todo lo que ha hecho para facilitarnos la vida, y a evocar de corazón las experiencias bonitas que hayamos vivido a su lado, que deben pesar más que los desatinos propios de nuestra imperfección; pero también nos debe mover a abrirnos con un sentido de perdón, si algo inadecuado ha ocurrido entre nosotros.

Por eso, en este momento, en el que al parecer las estadísticas no se equivocan, y los temores tienen fundamento respecto al aumento de la violencia intrafamiliar, los exhorto a que en lugar de aumentar las estadísticas de violencia, reconozcamos que tenemos personas valiosas que nos brindan compañía, atención, solidaridad, amor,  por quienes vale la pena darse una nueva oportunidad para el amor, para que la convivencia en estos días, y ojalá en adelante, sea entrañable, para que se pueda compartir con tranquilidad y en la más profunda camaradería esta experiencia, que nos lanza el reto alcanzable de ser mejores seres humanos, de actuar de manera ética, de querer a nuestros semejantes, de ser modelos adecuados para nuestros hijos y para la sociedad, y de tratar con amor a la naturaleza.

Mujeres, hombres, niñas, niños y jóvenes merecemos vivir en paz, y lo lograremos si vemos en el otro un ser humano con derechos que debemos respetar.  De nosotros depende.

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