
Especialista en Desarrollo Infantil
Sxxi.net Psychology
Después de varios años escuchando historias de personas que han vivido experiencias extremas, y en el contexto de la guerra con protagonismo de Irán, Estados Unidos e Israel, que golpea duramente el frágil equilibrio global y amenaza con destruir la humanidad, quiero hacer una reflexión oportuna sobre las consecuencias psicológicas de la guerra que, en algunos casos, permanecen aun cuando el peligro llega a su fin.
¿Cómo es vivir bajo la sombra del conflicto?
Imagine estar en una zona de enfrentamiento, rodeado(a) de explosiones, estructuras que colapsan, gente herida llena de pánico y sin poder proteger a las personas que ama, ¿cómo se sentiría usted?
La guerra lleva en sí misma destrucción de vidas, de modos de existencia, de relaciones, de territorios, de recursos físicos y naturales, de economías, acaba con la tranquilidad, con las dinámicas humanas y afecta especialmente a los más vulnerables.
Este cúmulo de acontecimientos negativos deja una huella psicológica profunda en las víctimas, representada en índices elevados de trastornos mentales graves en razón a la exposición a sucesos de conflicto como duelos, combates, tortura, desaparición forzada, bombardeos o utilización de armas de todo tipo, desplazamiento, violencia sexual, que usualmente se utiliza como arma, hambre, falta de agua, deterioro del sueño, sensación constante de inseguridad, orfandad, y más.
La mente en zona de combate
En el marco de estas condiciones límite, las afectaciones psicológicas que enfrentan las personas son intensas y amenazan con tener un impacto duradero en la salud mental. Mencionemos las que se presentan con mayor regularidad.
- Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): al parecer, es la secuela más usual. Estudios recientes indican que entre el 20 al 30% de combatientes y civiles expuestos desarrollan TEPT a lo largo de su vida. Las investigaciones indican que en zonas de conflicto entre el 67 a 75% de las personas reportan síntomas significativos de TEPT, ansiedad y/o depresión en los primeros meses, con una persistencia alta
- Depresión mayor y ansiedad generalizada: aparece y puede coexistir con el TEPT y dependiendo de la magnitud y duración de la experiencia traumática alcanzaría cifras entre el 38 al 72%.
- Otras afectaciones: duelos complicados, culpa, disociación, irritabilidad extrema, vergüenza de personas que asesinaron o que tienen la sensación que fallaron en
proteger, irritabilidad extrema, hipervigilancia crónica, aislamiento social, ideación suicida elevada, pérdida de la confianza.
Estas consecuencias no solo aquejan a quienes viven la guerra
También se transmite a hijos y nietos, que crecen con padres afectados emocionalmente y actúan con ellos(as) de manera enajenada, explosiva o sobreprotectora si no han tenido atención. Del mismo modo, son damnificadas comunidades que quedan marcadas por la violencia, su naturalización y por la pobreza que se deriva de ella.
Niñas, niños y jóvenes afligidos por este azote social ven alterada su regulación emocional, el desarrollo cerebral, el aprendizaje, su sensación de seguridad, y se les dificulta tener vínculos saludables.
¿Cómo acompañar a las víctimas de la guerra?
Lo ideal sería prevenir las guerras, recurriendo a todas las estrategias diplomáticas disponibles para conseguir este objetivo. No obstante, cuando son inevitables, cuando los intereses económicos que las producen se imponen y las emociones humanas estallan, lo aconsejable es ofrecer apoyo profesional adecuado a quienes han sido afectados(as), favoreciendola conexión emocional, brindando seguridad, acompañando los duelos y reconstruyendo el propósito de vida. Afortunadamente, ante acontecimientos nefastos como este, el ser humano tiene una gran resiliencia. En este punto cabe considerar que el dolor ante los efectos de la guerra es legítimo y debe ser gestionado.
Por otro lado, los gobiernos, las instituciones y la humanidad en general, deben rodear con todos los recursos disponibles a quienes han sufrido el rigor de la guerra, ofreciendo planes, programas, proyectos, recursos y acompañamientos que permitan restaurar la vida y la confianza en el mundo y en la institucionalidad.
Ojalá, algún día, siendo conscientes de los daños causados por la guerra, todos los seres humanos del planeta, en una ola global de contención amorosa y hermandad, trabajemos por disuadir a quienes quieren implantar el discurso de la ganancia, de la fuerza, del odio y la muerte por encima de la vida. La voz del amor tiene que prevalecer.
Finalmente, Sxxi.net Psychology insta a los líderes mundiales a actuar con grandeza ética y moral, a estar a la altura de las necesidades de sus pueblos y a proteger sus derechos trabajando decididamente por el bienestar de todos(as), por la justicia social y la equidad.
“La marca de un gran gobernante no es su habilidad para hacer la guerra sino para conseguir la paz”. Mónica Fairview
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