La fábrica de agua que tiene Bogotá

Laguna de Chisacá o de los Tunjos, donde nace el Río Tunjuelo. Foto Sxxi.net

 La fábrica de agua que tiene Bogotá

Relato de un encuentro con una maravilla del mundo natural, que requiere atención, cuidado  y protección de la ciudadanía capitalina y de los Gobiernos Distrital y Nacional.

El milagro del que hablo es el Páramo de Sumapaz, y la verdad, a pesar de vivir hace más de 20 años en la ciudad, no lo había visitado, pero un recorrido a lo largo de su territorio me llenó de asombro y admiración por la belleza y majestuosidad de este tesoro inconmensurable que tiene Bogotá.

Lugar de partida

La salida se programó muy temprano, y el encuentro de quienes acudiríamos al recorrido  fue en el parque central de Usme.  Allí la lluvia nos obligó a refugiarnos al calor de un chocolate con pan y un tinto campesino, que conseguimos en una cafetería del lugar, para luego, salir a nuestro destino,  en medio del fino aguacero y de un frio que atravesaba la piel, pese a la vestimenta adaptada a la experiencia que íbamos a vivir

La llegada al Páramo

La primera sorpresa fue descubrir la magnífica extensión del Páramo de Sumapaz, el más grande del mundo, abundante en biodiversidad, poseedor de 333.420 hectáreas, de las cuales, 142.112 son áreas protegidas que rebosan de frailejones, habitadas en un 60% por especies endémicas y morada de osos de anteojos, venados, águilas, cóndores, además de otras especies animales y vegetales que contribuyen a dar equilibrio a la región. 

La segunda extraordinaria impresión, fue reconocer el Páramo como fuente colosal de producción de agua, que brota de manera natural y mágica por cada rincón del territorio, en cascadas y quebradas juguetonas que invitan a la admiración; encontrarme con la lámina cristalina que es la Laguna de Chisacá o de los Tunjos, lugar de amor de los Muiscas, donde nace el río Tunjuelo, y palpar la constante presencia de la niebla que es retenida por los musgos y frailejones en un acto ceremonial de apropiación del líquido vital.  El aire limpio y helado llenaba nuestros pulmones de manera  no acostumbrada, para gente que vive en medio de la contaminación, y el viento fresco acariciaba cada rostro aportando un color rojizo a nuestras mejillas casi congeladas.

Panorámica del Páramo de Sumapaz. Foto Sxxi.net

Funciones del Páramo

Según el relato del ambientalista que me acompañaba en tan espectacular itinerario, el Páramo de Sumapaz cumple el papel de regulador hidrográfico de las regiones bañadas por los ríos Magdalena, Meta y Guaviare, además de proveer de agua a Bogotá y a múltiples acueductos veredales de Cundinamarca, el Meta, y al acueducto regional del Ariari. Comentó que sus numerosas lagunas aportan al desarrollo de importantes cultivos en la Orinoquía,  y son soporte de innumerables hábitats pródigos de vida.

Continuando con la lección ambiental, nuestro guía señaló que el Páramo está adornado por dos de los principales ecosistemas de montañas tropicales: el páramo y los bosques andinos. Que en su territorio, se han identificado tres tipos de ambientes denominados subpáramo, páramo y superpáramo; en su bosque andino coexisten franjas de vegetación de bosque altoandino, andino y subandino, y que atesora lagunas como Chisacá, Boca Grande, La Guitarra, Laguna Larga, Laguna El Cajón y Laguna del Nevado. Sorprendentemente hospeda uno de los picos más altos en las cercanías de Bogotá, el Cerro Nevado de Sumapaz, con una altura de 4.306 mts sobre el nivel del mar.

Comentó que este paraíso de la Cordillera Oriental, fue considerado sagrado para los indígenas, por albergar los elementos fundamentales de la vida y representar la armonía del cosmos, concepto ratificado por la ciencia, que ha identificado el Páramo como centro de diversidad de 148 familias vegetales, 380 géneros, 897 especies y 25 géneros de flora endémica.

Pero también habló sobre las dificultades de la región, pues cerca de 20 mil hectáreas de terrenos han sido arrasadas para desarrollar proyectos agrícolas; adicionalmente, ha sido afectada por la deforestación, tala de frailejones; por el uso de agroquímicos que contaminan las fuentes de agua; por la construcción de zanjas para el arado, y las quemas para la cosecha.

Dicen los lugareños, que el turismo está prohibido por ahora en el territorio, máxime en tiempos de pandemia, ya que el Páramo no cuenta con infraestructura que permita desarrollar esta actividad, ni operadores autorizados para realizarla, y en razón a ser zona ambientalmente protegida, en perspectiva de conservar la estabilidad y funcionamiento del ecosistema.

Hechizo y reflexión

El recorrido por este lugar emblemático, plácido y sereno,  terminó para nosotros en Nazareth, corregimiento de Sumapaz, en donde fuimos recibidos por un grupo de campesinos del sector, gente buena, trabajadora y amable, que nos ofreció un delicioso sancocho,  acompañado de un postre típico de la región. 

Luego de este festín gastronómico, desde un improvisado escampadero, guarecida de la lluvia, que caía suave e imperturbable, en completo silencio y en éxtasis total, admiré por largo tiempo este santuario natural, y la belleza sublime de un hermoso ejemplar equino, que con altivez erguía su cabeza en medio del agua eterna que cubría la población, y se me ocurrió que así es el Páramo de Sumapaz:  esplendoroso, trascendente, vital, imprescindible para la vida y el progreso del país, un nicho ecológico que merece nuestra atención, cuidado y protección.

Revista Sxxi.net rinde homenaje a tan grandioso monumento ambiental, resalta el papel fundamental que tiene en la supervivencia de nuestras comunidades, e invita a los habitantes de Bogotá, a quienes residen en las zonas de influencia, y a nuestros gobernantes, a valorar, cuidar, preservar y reconocer la importancia de nuestro páramo que provee generosamente el bien más preciado que tenemos los colombianos: el  agua.

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