Sxxi.net/Ecosociedad. Por considerar de interés nacional reproducimos la intervención del candidato Iván Cepeda Castro ante los campesinos de San Onofre – Sucre
Queridas compañeras y queridos compañeros:
Vuelvo a saludar al valiente movimiento campesino de Colombia, esta vez
desde San Onofre, Sucre. Este territorio, que hoy nos recibe con dignidad y
esperanza, fue hace no muchos años un oscuro epicentro del horror; un lugar
que, sin exagerar, llegó a convertirse en uno de los más temibles campos de
Por considerar de interes publico concentración y exterminio creados por la alianza entre sectores de la clase política, terratenientes y paramilitares.
Quiero agradecer la calidez con la que me reciben hoy. Para mí, estar aquí es
como regresar al hogar, al corazón del pueblo colombiano, al lugar y la tierra
de la luchas campesinas donde pertenezco.
En 2006, participé aquí, en este mismo parque donde estamos reunidos, en un
acontecimiento que marcó la vida nacional y que marcó mi propia vida. Estuve
junto al hoy presidente de la República, Gustavo Petro, en un acto público que
mostró el coraje civil de la población de San Onofre y del campesinado sucreño.
En aquel entonces, simplemente venir a escuchar nuestros discursos podía
costar la vida. Reinaba todavía el terror paramilitar en los Montes de María. Y,
sin embargo, miles de personas llegaron aquella tarde, desafiando el miedo, las
amenazas y hasta los atentados contra líderes sociales.
Recuerdo bien sus rostros: en ellos, el miedo comenzaba a convertirse en
esperanza. Luego de nuestras intervenciones, marchamos hasta la hacienda El Palmar, un lugar que el país conoció como campo de exterminio bajo el dominio del
carnicero Rodrigo Mercado Peluffo, alias ‘Cadena’, carnicero de oficio y
verdugo de San Onofre. Vivía en una mansión en Sincelejo, justo frente a la
casa del senador Álvaro García. Dos casas lujosas, una frente a la otra, desde
donde se repartían el control de San Onofre, junto con otros políticos como Jairo
Enrique Merlano y Muriel Benito Rebollo, todos ellos socios políticos de
Álvaro Uribe Vélez.
Durante años, la comunidad de San Onofre sufrió torturas, desapariciones,
ejecuciones y violencias de todo tipo. Y como lo ha dicho el presidente Petro,
fue víctima porque en Sucre la clase política convirtió la tierra improductiva en
botín del poder y el mar en ruta del narcotráfico.
Ese día, en la hacienda El Palmar, bajo el gran árbol de caucho que aún se
levanta en el centro de la propiedad, nos reunimos junto al hoy presidente Petro
y al campesinado para hacer un juramento con las manos en alto: que nunca más
los Montes de María serían sometidos a tanta injusticia y tanto crimen.
Hemos honrado ese juramento. Avanzamos en el cambio social y en la reforma
agraria siguiendo el ejemplo de las lideresas y los líderes campesinos que
abrieron camino, como la pionera de las luchas agrarias en este territorio,
Felicita Campos, y el dirigente de los campesinos de La Alemania, Rogelio
Martínez.
Hoy podemos afirmar, con orgullo y con sentido de responsabilidad histórica,
que fue el pueblo quien transformó a San Onofre y transformó al país. Lo hizo
el pueblo, lo hizo su resistencia, lo hizo su dignidad.
Logramos que los congresistas involucrados en la parapolítica fueran a
prisión; que su jefe, Álvaro Uribe Vélez, fuera condenado en primera
instancia; y que su hermano Santiago recibiera una condena de 28 años de
cárcel por ser jefe paramilitar.
En marzo de 2024, el presidente Gustavo Petro entregó, en esta misma plaza,
1.414 hectáreas de tierra adquiridas al empresario Carlos Cavalier. Desde
entonces, 200 familias víctimas de la violencia, algunas de ellas descendientes
de Felicita Campos, trabajan estas tierras, las cultivan y producen alimentos.
Las fincas Simba y Potosí, que suman 2.000 hectáreas y que habían sido
despojadas por el carnicero paramilitar alias ‘Cadena’, fueron decomisadas y
entregadas nuevamente a los campesinos.
Avanzamos también en la gestión para que la hacienda El Palmar sea adquirida
por el Estado y entregada a la comunidad de San Onofre. Ese espacio será tierra
productiva, pero también un lugar de memoria, para que las futuras
generaciones de Sucre y de Colombia nunca olviden el horror que significaron
la parapolítica y el paramilitarismo.
Hoy San Onofre cuenta con una alcaldesa progresista, Martha Cantillo, a quien
envío un saludo especial. Hoy Colombia tiene un presidente como Gustavo
3Petro. Y este proceso continuará cuando, en 2026, ustedes me elijan como
sucesor del presidente Petro para liderar el segundo gobierno de la
transformación progresista e histórica de nuestro país.
Por estas razones, llevo a San Onofre en mi mente y en mi corazón en esta
campaña. Ustedes encarnan los poderosos motivos de nuestra lucha: para que
nunca más un colombiano sea doblegado por la violencia, para que nunca más
la pobreza y el olvido condenen a nuestros campesinos, y para que la paz
con equidad social sea una realidad en cada vereda y cada corregimiento.
Ustedes me conocen. No vengo de una élite tradicional, vengo de las luchas
sociales, vengo de acompañar a las víctimas, vengo de escuchar a los
campesinos, indígenas y afrodescendientes; de batallar contra el clasismo,
el racismo, el machismo y el desprecio a los pobres en este país.
Por eso, haré un gobierno del pueblo y para el pueblo.
Es justo reconocer lo que hemos avanzado en estos años con el gobierno
presidido por Gustavo Petro.
Permítanme recordar algunas de esas conquistas emblemáticas que hemos
construido juntos, porque es necesario mostrar que sí se puede gobernar
pensando en el pueblo: no en la corrupción ni en el enriquecimiento particular.
En estos tres años y medio, Colombia ha experimentado una transformación
social sin precedentes.
- Más de 2,8 millones de personas salieron de la pobreza monetaria y 420
mil superaron la pobreza extrema. La desigualdad también se redujo de
manera histórica. - Ha aumentado 37% el salario mínimo y se crearon más de 2,5 millones
de empleos, llevando la tasa de desocupación nacional al 8,2%, una de
las más bajas en décadas. - En salud, se desplegaron 10 mil equipos básicos de atención que hoy
llegan a 7,5 millones de hogares y se fortaleció la infraestructura
hospitalaria con más de 1.300 proyectos. - Se duplicó el subsidio a adultos mayores, beneficiando a 1’100.000
personas a través del programa Colombia Mayor. - Este gobierno ha tenido una conquista histórica. Sin exageración, es el
primer gobierno que ha comenzado a desarrollar una verdadera reforma
agraria. Se han comprado y se están distribuyendo más de 700 mil
hectáreas para el Fondo de Tierras, y se han entregado más de 270 mil a
más de 72 mil familias. - Lo más importante de este proceso de reforma agraria es que además
de beneficiar a cientos de miles de hogares campesinos, se ha hecho
sin derramamientos de sangre, sin violencia. Nuestra reforma
agraria progresista ha demostrado que la entrega de tierras, la
democratización de la propiedad agraria se puede hacer sin
expropiaciones y sin utilizar la fuerza. Esta es la paz de la que tanto
se habla y que es posible: dar tierra a los más pobres de la ruralidad,
sin que se utilicen armas ni violencia. - Es, sin lugar a dudas un avance histórico, que contrasta con lo que
pasó durante los gobiernos de Uribe, cuando hubo despojo de tierras a
los campesinos, desplazamiento forzado y persecuciones; Agro Ingreso
Seguro pasó a la historia como ejemplo de corrupción y de despojo
financiero a los campesinos. - En cambio en nuestro gobierno se han formalizado 1,8 millones de
hectáreas. Se han creado 17 Zonas de Reserva Campesina y se han
reconocido los primeros Territorios Campesinos Agroalimentarios,
TECAM. - Nuestro gobierno ha activado los Comités Municipales de Reforma
Agraria, para impulsar la organización y participación del campesinado.
Se han creado 610 comités en 29 departamentos. - Todo esto, se ha acompañado del reconocimiento constitucional del
campesinado como sujeto de especial protección, y la creación de la
jurisdicción agraria para garantizar justicia territorial.
Esta transformación social no solo la voy a defender de la mano del pueblo
colombiano. Haré lo necesario para que se profundice y se haga
irreversible. Vamos a trabajar sin descanso para acabar, de una vez por todas,
la pobreza rural y urbana.
Los subsidios no son una acción caritativa del Estado, no compañeros, los
subsidios hacen efectivos derechos y garantias adquiridos por las poblaciones
más marginadas y empobrecidas, que también han hecho un gran aporte al
desarrollo de la Nación: los campesinos que producen los alimentos, los pueblos
indígenas y afrodescendientes que han resistido y acumulado sabiduría
ancestral sobre el cuidado de la naturaleza, las mujeres rurales y urbanas
cuidadoras de la vida, los jóvenes que deben tener garantizado su futuro con
educación.
Para ellas y ellos el Estado no debe tener subsidios de beneficencia pública,
sino verdaderos programas universales que garanticen derechos, libertad,
dignidad.
Esto demuestra que sí es posible gobernar pensando en las mayorías. Que el
cambio no es solo un discurso, sino una realidad que se construye con hechos,
con decisiones valientes, y con el compromiso del pueblo colombiano.
Desde esta concepción del cambio social, de la erradicación de la pobreza y la
desigualdad, el pasado 11 de octubre dije en Sincelejo que en mi gobierno
transformaré la reforma agraria en Revolución Agraria, estructural y con
justicia para todas y todos.
Recuperaremos las instituciones agrarias para que el Estado acompañe al
campesinado con crédito, asistencia técnica, y garantías para la producción.
Redistribuiremos tierras fértiles para que no haya más latifundios ociosos
mientras miles de familias trabajan en arriendo o sin tierra.
Invertiremos en lo esencial: agua potable, energía eléctrica, vías terciarias,
acceso a internet, escuelas rurales, salud en las veredas. El campo
colombiano no puede seguir siendo sinónimo de abandono.
Vamos a construir centros de acopio, plantas de transformación y redes de
comercialización administradas por asociaciones campesinas, para que no sigan
vendiendo barato y comprando caro. Recuperaremos cadenas productivas como
el algodón, el fique, la yuca y el café, dándoles tecnología, infraestructura y
acceso a mercados.
Esta es una revolución contra el hambre. Conectaremos la producción
campesina con las ciudades para que ustedes vendan a buen precio y para que
la población más pobre acceda a alimentos sanos.
Hoy quiero añadir una propuesta concreta y viable, que será un programa
central para avanzar en la Revolución Agraria: la compra estatal de la
producción campesina.
Con el fin de estimular la economía campesina, familiar y comunitaria, así como
la producción agroalimentaria, por un lapso de tiempo que será oLa revolucion agraria, una propuesta para hacer del campo la opcion para mejorar la calidad de vida de los colombianos. Mas siembra, mas alimentos, mejor alimentacion.bjeto de
estudio, el Estado comprará un porcentaje de alimentos de la producción
campesina, en los municipios del país que se encuentran en situación de mayor
pobreza y exclusión, bajo el imperio de las economías ilícitas, o en situación de
conflicto armado y agresión violenta contra la población campesina, indígena y
afrodescendiente.
Dicha compra de alimentos servirá, de una parte para combatir el hambre en
zonas urbanas y rurales diferentes y próximas a las zonas de producción. Para
su repartición se utilizará la cadena de distribución tradicional (productores,
distribuidores, tiendas, redes agroalimentarias) para que los alimentos lleguen
rápido y a menor costo. Este proceso implica un apoyo de logística y compras
masivas.
Otra parte de esa producción agropecuaria, estará destinada a la venta con
precios competitivos en mercados populares urbanos, que permitan a las
poblaciones periféricas de las grandes ciudades tener acceso a los alimentos de
la canasta familiar en condiciones acordes a su capacidad adquisitiva.
Como lo dije, uno de los más significativos resultados de nuestro gobierno es
haber obtenido cientos de miles de hectáreas para distribuirlas a las poblaciones
rurales víctimas del despojo de tierras, empobrecidas por la violencia rapaz del
latifundismo y del narcotráfico.
Haberlo hecho sin violencia y mediante la compra de tierras a sectores
poderosos del campo, es la demostración que podemos construir la paz y la
reconciliación en el campo y en toda Colombia.
Hay empresarios que quieren vender sus tierras; otros ya las han vendido para
hacer posible la reforma agraria. Con ellos estamos dispuestos a dialogar, a
comprar esas tierras para entregarlas a campesinos, a cambiar impuestos por
obras que beneficien a los sectores más pobres rurales y urbanos, y a trabajar de
manera conjunta para que nuestro país avance y se convierta, por fin, en un
territorio de oportunidades para todas y todos.
Porque el progreso solo tiene sentido si es para todos. No podemos seguir
alimentando la confrontación entre ricos y pobres. Colombia es una nación
generosa, pródiga en tierras, ríos, selvas y mares. Nuestra riqueza debe servir
para superar la pobreza y garantizar una vida digna para cada ciudadano
y ciudadana.
A quienes nos oponemos, y a quienes derrotaremos democráticamente, es a los
que desean perpetuar la inequidad, la pobreza, la corrupción o los negocios
criminales que tanto daño le han hecho a nuestro pueblo.
He iniciado encuentros y conversaciones con diversos sectores del
empresariado, en desarrollo de lo que llamo el Gran Diálogo Nacional. Mi
propósito es transparente: que haya un diálogo directo, franco y respetuoso entre
ustedes, los campesinos, y quienes han dirigido históricamente la economía
formal de Colombia.
Esta decisión no le agradó al expresidente Álvaro Uribe, ni a los sectores de la
extrema derecha del establecimiento. Uribe considera, como parte de su talante
autoritario y mezquino, que es dueño del empresariado y que se necesita su
permiso para dialogar con los gremios. Se equivoca. Colombia no necesita más
odio ni más miedo. Lo que necesitamos es una conversación abierta entre
todos los sectores del país.
Ese diálogo no puede excluir a los campesinos, a los pueblos indígenas ni a las
comunidades afrodescendientes. Todas y todos debemos sentarnos en la mesa
del Gran Diálogo Nacional para impulsar las transformaciones sociales que
Colombia reclama.
Amigas y amigos campesinos de todo el país:
El Pacto Histórico, del cual soy hoy candidato presidencial, es el principal
movimiento político en Colombia. Lo es no solo por su fuerza organizativa y
electoral que se demostró en nuestra consulta del pasado 26 de octubre, en la
que a pesar de inmensos obstáculos, obtuvimos más de 2’700.000 votos.
Su mayor fuerza emana de que está profundamente enraizado en el alma de
nuestro pueblo. Del Pacto hacen parte los movimientos sociales, el movimiento
campesino, los pueblos ancestrales indígenas y afros, los sectores juveniles de
los barrios populares. Tenemos la gran autoridad moral de que en nuestras filas
están las y los mejores luchadores sociales de Colombia.
Por eso es que vamos a ganar y seré el Presidente de la Revolución Agraria
que llevaremos a cabo juntos. Para ello es imprescindible que ustedes realicen
un proceso riguroso de control y garantías electorales, conformando los comités
de campaña para movilizar a nuestro electorado, impedir el traslado de los
puestos de votación rural y, el día de las elecciones, cuidar el voto.
Invito a organizar nuestra gran movilización electoral para elegir una amplia
bancada parlamentaria del Pacto Histórico,
Porque sin campesinado no hay nación posible, y sin justicia agraria no habrá
nunca paz verdadera en Colombia.
¡Que viva el campesinado colombiano!
¡Que viva el presidente Gustavo Petro y el Pacto Histórico!
¡Que viva San Onofre!
¡Que viva la Revolución Agraria!
Adelante compañeras y compañeros, vamos a ganar.La revolucion agraria, una propuesta para hacer del campo la opcion para mejorar la calidad de vida de los colombianos. Mas siembra, mas alimentos, mejor alimentacion.
Muchas gracias.
San Onofre, Sucre,13 de diciembre de 2025.
Lea y comparta. Gracias

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