Cuando la calle no es un juego

¿Por qué los niños terminan viviendo en las calles? Foto: mohammad_usman

Por Sxxi.net Psychology – EcoSociedad

Según datos oficiales existen 100 millones de niñas y niños abandonados en el mundo, de los cuales, 40 millones se encuentran en América Latina, sobreviviendo en el único “hogar” que tienen disponible: las calles.

Parte de esa cifra de abandono se encuentra en Colombia. Niños y niñas de nuestro país no disfrutan de un abrazo amoroso, no juegan felices en parques bajo la protección de sus padres, no van a la escuela, nadie les lee un cuento antes de dormir. Son niños y niñas que sobreviven en la calle y están constantemente expuestos(as) a peligros ante la insensibilidad de una sociedad que los excluye. Ellas y ellos no eligieron ese destino, fueron arrojados(as).

¿Qué señalan las cifras?

Según Unicef, de los 100 millones de niños en calle, el 25% no tienen hogar y sus vínculos familiares están rotos como consecuencia de la inestabilidad o a la desestructuración familiar. Algunos(as) han sido abandonados o ellos(as) decidieron fugarse. Su actividad total la realizan en las calles en las que luchan por sobrevivir.

Según el DANE y SDIS en Bogotá, en el 2024, existian unos 10.478 habitantes de calle de los cuales aproximdamente 210 son niñas, niños y adolecentes (NNA), y en Colombia según el ICBF, se cuentan alrededor de 40.000 habitantes de calle, de los cuales entre 700 u 800 son NNA.

Cada niño(a) en situación de calle cuenta una historia

Y son historias que duelen. “Mi padre abusaba de mi”, decía Karen con rencor; “Era un adicto al alcohol que me golpeaba hasta el cansancio, entonces escapé”, aseguraba Yuri; “Aguante mijita porque es quien nos mantiene”, decía la madre de Sandra ante los abusos del padrastro, que ella le reportaba a su progenitora.

Son relatos marcados por la violencia intrafamiliar y el delito contra niñas, niños y jóvenes: golpes, abuso físico, psicológico o sexual, que hacen de la familia ese núcleo de daño y de miedo del que huyen para sobrevivir. Otros no se van, los abandonan. La ausencia de afecto y compromiso de parte de su familia los aleja, y ya sin redes de apoyo, en muchos casos, especialmente los varones, se vinculan a grupos delincuenciales que los acogen para dar comienzo a un discurrir delictivo, fuera de las normas y la ley.

Sin protección, sin figuras afectivas significativas, sin límites, la calle con todas sus amenazas, aparece como una opción.

¿Por qué los niños terminan viviendo en las calles?

Muchas son las razones.

Violencia intrafamiliar: El abuso físico, psicológico y sexual en el hogar, que mencionamos, obliga a niñas, niños y jóvenes a huir de sus casas en busca de amparo. La ausencia de figuras afectivas de protección y apoyo emocional también conduce a tomar esta determinación.

Desintegración de la familia: Puede ser por pérdida de uno o ambos padres, por abandono y carencia de redes de apoyo familiar que un niño(a) se vea abocado a vivir en la calle. Las adicciones y la falta de control de esta condición por parte de los progenitores, son factores que llevan a los niños(as) a fugarse de su hogar.

También es un problema estructural

Para que ocurra esta calamidad social, los gobiernos que por décadas han dirigido este país igualmente han hecho su aporte. La pobreza extrema a la que han sometido a la población, obliga a miles de familias a vivir sin lo básico: alimento, vivienda digna, educación, servicios esenciales. En ese contexto, muchas niñas y niños salen a la calle a trabajar para ayudar en casa, vendiendo dulces o bolsas, limpiando vidrios o mendigando monedas. Así las cosas, trabajar en las calles se torna en una labor constante para sobrevivir.

Conflicto armado y desplazamiento: En los territorios azotados por el conflicto armado, los(as) niños(as) pueden perder sus familias, ser reclutados por grupos armados ilegales o se convierten en desplazados, situaciones que los(as) deja en condición de gran vulnerabilidad.

¿A qué se enfrenta un(a) niño(a) en la calle?

En el escenario hostil que es la calle, niñas, niños y jóvenes se enfrentan al hambre, al miedo, a dormir a la intemperie con todos los peligros que representa, a sufrir de desnutrición, a enfermar sin que tengan una debida atención, a explotación y abuso sexual, a reclutamiento por parte de grupos ilegales, a cometer delitos, a trata de personas, a trabajo forzoso, se exponen a consumo temprano de sustancias psicoactivas, a sufrir trastornos mentales como la depresión o ansiedad, entre otros problemas graves que flagelan a esta población.

Conclusión

Ante este devastador panorama, proteger a niñas, niños y jóvenes de que no incurran en habitabilidad en calle es una prioridad. En primer lugar, es responsabilidad de las familias que han de ser garantes de sus derechos, con su amor, cuidado, compromiso, coherencia y buen ejemplo constante, pero también debe ser un compromiso de los gobiernos, de la sociedad civil, de las organizaciones sociales, de las entidades gubernamentales, de la empresa privada, de la escuela, de las comunidades.

Protegerlos(as) es cumplir con el ejercicio pleno de sus derechos; es no normalizar la violencia que se ejerce contra ellos(as); es denunciar ante las autoridades e instituciones competentes cualquier forma de maltrato; es educar a padres, madres, cuidadores, y agentes institucionales, para que los(as) traten con respeto y afecto; es exigir la implementación de políticas públicas efectivas que eliminen de raíz esta dolorosa situación; es participar, contribuir, y hacer veeduría estricta para que tengan éxito los planes, programas y proyectos en beneficio de la infancia, eliminando el lastre de la corrupción que se roba los recursos destinados a beneficiarlos(as).

Todos(as) debemos entender que un niño en la calle es un clamor urgente a la acción inmediata que nos obliga como sociedad a restituir sus derechos educativos, económicos, sociales, familiares, su bienestar físico, psicológico y espiritual.

¿Qué puede hacer usted?

Las calles están vivas con el sonido del dolor” De la película ROCKNOLLA

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