1 de Mayo: La Historia que el mundo lleva en las calles. Homenaje a María Cano en Colombia

Menudita y ágil, de voz vibrante y ojos grandes, María Cano recorrió un país que le cerraba puertas y las fue abriendo una por una. No para ella. Para todos los que vendrían después.Foto Dorían Ramírez FB

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Cuando el trabajo costaba la vida

Hay fechas que no se inventan: se construyen con sangre, con hambre y con la terquedad de quienes se niegan a doblar la rodilla. El 1 de mayo es una de ellas. No nació en un congreso ni fue concedida por ningún gobierno benevolente. Nació en las fábricas sucias del Chicago decimonónico, donde los obreros trabajaban entre doce y dieciocho horas diarias, donde los niños de cinco años bajaban a las minas y donde morir aplastado por una máquina era simplemente un riesgo del oficio.

Para entender por qué hoy cientos de millones de personas salen a las calles en más de ochenta países, hay que volver al otoño de 1884, cuando la Federación de Sindicatos y Organizaciones Gremiales de Estados Unidos y Canadá tomó una decisión que parecía imposible: el 1 de mayo de 1886, la jornada laboral de ocho horas sería una realidad. No una petición. Una realidad. Si los patronos no cedían, habría huelga general. La cuenta regresiva había comenzado.

Chicago, 1886: el detonador de la historia

A finales del siglo XIX, Chicago era la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos y el corazón industrial del país. Cada año llegaban por tren miles de inmigrantes europeos —italianos, alemanes, polacos, irlandeses, rusos— atraídos por la promesa de trabajo. Lo que encontraban era explotación organizada. Las fábricas nunca descansaban; los trabajadores, casi nunca tampoco.

El 1 de mayo de 1886, doscientos mil obreros iniciaron la huelga en todo el país, mientras otros doscientos mil conseguían la jornada de ocho horas con la simple amenaza del paro. En Chicago, sin embargo, las condiciones eran especialmente duras y la movilización no se detuvo. La única fábrica que seguía funcionando era la de maquinaria agrícola McCormick, que llevaba en huelga desde febrero. Sus dueños optaron por los esquiroles.

El 3 de mayo, cuando el anarquista August Spies hablaba desde una tribuna frente a la planta, la policía disolvió violentamente a una multitud de más de cincuenta mil personas. Hubo muertos. Al día siguiente, el 4 de mayo, los trabajadores convocaron una protesta en la plaza Haymarket para denunciar la represión. Cuando la policía intentó disolver el acto, alguien —nunca se estableció con certeza quién— lanzó una bomba entre los uniformados. La detonación fue seguida de disparos policiales. Murieron agentes y manifestantes. El caos se apoderó de Chicago.

Lo que vino después fue peor que el propio incidente. La ciudad fue declarada en estado de sitio. Centenares de trabajadores fueron detenidos, golpeados y torturados. La prensa amarilla clamaba venganza contra «los anarquistas rojos». El 21 de junio de 1886 se abrió un proceso contra ocho líderes sindicales —Spies, Parsons, Fischer, Engel, Fielden, Schwab, Lingg y Neebe— en un juicio que la historia calificaría de farsa. Sin pruebas directas que los vincularan con el lanzamiento de la bomba, cuatro de ellos fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1887. Louis Lingg se suicidó en prisión la noche anterior. Los tres restantes fueron encarcelados, aunque finalmente indultados años después. Nacieron así los llamados Mártires de Chicago.

1889: París consagra la fecha

La indignación que generaron las ejecuciones en Chicago recorrió el mundo. Los hechos sirvieron como argamasa para unir fuerzas obreras dispersas que combatían por los mismos ideales. Tres años después de las ejecuciones, en 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, reunido en París, declaró el 1 de mayo como día de homenaje a los Mártires de Chicago y jornada universal de lucha por los derechos de los trabajadores.

La decisión tenía una ironía histórica irreductible: el día elegido para conmemorar lo ocurrido en suelo estadounidense nunca sería festivo en Estados Unidos. El presidente Grover Cleveland, temeroso de que la fecha reforzara el movimiento socialista, optó por instaurar el Labor Day el primer lunes de septiembre, conmemorando un desfile de trabajadores realizado en Nueva York en 1882. Canadá siguió el mismo camino en 1894. Así, la nación donde nacieron los hechos que dieron origen al Primero de Mayo fue también la que deliberadamente eligió ignorarlos.

Hitos que marcaron un siglo de lucha

El 1 de mayo no es una fecha estática; es un termómetro de la historia social del mundo. A lo largo de más de ciento treinta años, algunos momentos han sido especialmente significativos.

1919 fue un año pivote. Francia ratificó por ley la jornada de ocho horas y declaró el 1 de mayo día no laborable. España, tras la histórica huelga de La Canadiense en Barcelona, se convirtió en el primer país europeo en legislar la jornada de ocho horas para toda su población trabajadora. Ese mismo año, la recién creada Organización Internacional del Trabajo propuso en su primera conferencia la adopción universal de esa jornada. Lo que habían exigido los obreros de Chicago en 1886 se convertía, tres décadas después, en derecho internacional.

1920-1940. En la Unión Soviética y los países socialistas, el 1 de mayo adquirió carácter oficial con desfiles multitudinarios y actos de Estado. En el mundo capitalista, la fecha conservaba su carácter reivindicativo: marchas, huelgas y la memoria viva de Haymarket.

1955. El Papa Pío XII instituyó el «Día de San José Artesano» el 1 de mayo, en un gesto que buscaba dar a la fecha una dimensión religiosa que contrapesara su carga ideológica. La Iglesia Católica reconocía así la centralidad del trabajo en la vida humana.

1968 fue el año en que el Primero de Mayo se fundió con la efervescencia del Mayo francés y las protestas globales. En numerosos países, la jornada ya no era solo sindical: era también pacifista, feminista, anticolonial. El movimiento obrero se ensanchaba.

1990. Con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del bloque soviético, algunos vaticinaron el fin del Primero de Mayo como fecha significativa. Erraron. La fecha no pertenecía a ningún sistema político en particular; pertenecía a quienes trabajan.

Siglo XXI. La globalización, la precarización del empleo, la gig economy y la inteligencia artificial han dotado a la fecha de nuevas urgencias. Los reclamos de 2026 —salarios dignos, frente al aumento del costo de vida, paz frente a los conflictos que empobrecen a los trabajadores, protección frente a la automatización— son distintos en su forma pero continuos en su espíritu respecto a los de 1886.

El mundo en las calles: 1 de mayo de 2026

Este viernes, el mundo volvió a ser un mapa de marchas. Las movilizaciones comenzaron en Asia, donde miles de trabajadores salieron a las calles en Manila, Seúl, Hyderabad y Sidney reclamando salarios más altos y mejores condiciones laborales, en un contexto marcado por el alza de los costos energéticos vinculada a los conflictos en Oriente Medio.

En Europa, la Confederación Europea de Sindicatos, que representa a 93 organizaciones en 41 países, sintetizó el espíritu de la jornada con una sola frase: «La clase trabajadora se niega a pagar el precio de la guerra de Donald Trump en Oriente Medio.» En Italia, el gobierno aprobó casi mil millones de euros en incentivos para el empleo, incluyendo exenciones fiscales para la contratación de jóvenes y mujeres, justo antes del 1 de mayo —un gesto político que los sindicatos no dejaron de leer como propaganda. En Francia, la jornada generó un inesperado debate sobre la apertura de panaderías y floristerías durante el feriado, con sindicatos y gobierno en desacuerdo sobre el alcance de las protecciones laborales. En Portugal, los cambios en la legislación laboral propuestos por el gobierno de centro-derecha siguen sin resolver tras meses de negociaciones.

En Turquía, Estambul vivió una de las jornadas más tensas. La policía utilizó gases lacrimógenos y detuvo a 575 personas, en especial en torno a la plaza Taksim, que las autoridades mantienen cerrada a las manifestaciones obreras. «No se puede cerrar una plaza a los trabajadores de Turquía», protestó el sindicalista Basaran Aksu. La imagen de Taksim blindada y de manifestantes repelidos por el humo resumió la paradoja de un día dedicado a la dignidad laboral convertido en escenario de represión.

En Filipinas, las marchas convergieron hacia el Palacio Presidencial de Malacañang. Los manifestantes quemaron efigies de Donald Trump, Benjamin Netanyahu y el presidente Ferdinand Marcos Jr., articulando reclamos laborales locales con la política exterior global. En México, trabajadores del sector salud marcharon para exigir mejoras en pensiones y derechos laborales. En Argentina, miles ondearon banderas desde Buenos Aires.

En Estados Unidos, donde el Primero de Mayo no es feriado, la coalición May Day Strong convocó marchas y un boicot económico bajo la consigna «los trabajadores antes que los multimillonarios», con reclamos que incluyen gravar a los más ricos y poner fin a la ofensiva migratoria del gobierno de Trump.

Colombia: entre reformas, marchas y el fantasma constituyente

Colombia vivió este 1 de mayo de 2026 uno de los Días del Trabajo más cargados de su historia reciente. La jornada no fue solo laboral: fue política, fue electoral y fue, para el gobierno del presidente Gustavo Petro, una plataforma de movilización en el último tramo de su mandato.

Las cifras hablan solas: 67 actividades de manifestación pública en 60 municipios de 25 departamentos y Bogotá. Un despliegue de 25.081 policías para garantizar la seguridad. Marchas en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Neiva, Pereira, Dosquebradas, Fusagasugá y decenas de municipios más. Una jornada que combinó reivindicaciones laborales históricas, expresiones culturales y una agenda política inequívoca.

En Bogotá, la marcha partió a las 10 de la mañana desde el Parque Nacional, recorrió la Carrera 10 y llegó a la Plaza de Bolívar, donde los sindicatos, centrales obreras, docentes y la minga indígena llenaron el espacio histórico. El candidato presidencial Iván Cepeda, del Pacto Histórico, encabezó el acto en la capital, donde habló de la continuidad del proyecto político de Petro, defendió los logros de la reforma laboral y volvió a mencionar el proceso constituyente. En su discurso, prometió que de ganar las elecciones del 31 de mayo «ampliará la reforma laboral, protegerá la reforma pensional y desarrollará la economía popular».

Aquí: El presidente Gustavo Petro escogió Medellín como escenario central de su Primero de Mayo.

Desde el Parque de las Luces, ante una multitud que avanzó por La Playa hasta La Alpujarra, el mandatario habló del poder constituyente ciudadano, criticó a quienes bloquearon sus reformas en el Congreso y afirmó: «El mejor día que hemos celebrado es hoy, porque ya viene con el paquete de la reforma laboral.» Anunció la expedición de un decreto orientado a establecer un plan de negociación colectiva para el sindicalismo colombiano y anticipó una segunda norma para regular la tercerización laboral —que prohibiría tercerizar las actividades misionales de empresas públicas y privadas—, pendiente de publicación en las siguientes semanas.

La convocatoria presidencial tenía un eje adicional que trascendía lo laboral: la recolección de firmas para promover un referéndum que convoque una Asamblea Nacional Constituyente. Petro insistió en que el Estado Social de Derecho, proclamado en la Constitución de 1991, «ha sido incumplido» y que el pueblo debe retomar ese mandato. «El país se ha separado de ese mandato de 1991, que es el verdadero tratado de paz de la sociedad y del pueblo colombiano», dijo el presidente desde la capital antioqueña.

En Cali, los manifestantes se concentraron en la Glorieta de la Estación y en Puerto Rellena, donde el carril central de la autopista Simón Bolívar fue cerrado para instalar una tarima con actividades culturales. Las marchas avanzaron con normalidad en medio del despliegue de seguridad. También marcharon sindicatos, docentes, campesinos y comunidades indígenas en ciudades como Barranquilla —donde la movilización arrancó desde el barrio El Bosque—, Cartagena, Bucaramanga y Neiva, donde 150 uniformados acompañaron una jornada que transcurrió con normalidad.

El contexto político de esta jornada colombiana es inseparable del proceso electoral: el 31 de mayo se celebran las elecciones presidenciales. El Primero de Mayo de 2026 fue, también, el primer gran acto de campaña de quienes buscan continuar el proyecto político del gobierno Petro. Las reformas que el Congreso no aprobó —a la salud, al sistema pensional, la reforma laboral en su versión más ambiciosa— fueron los ejes del discurso. El movimiento obrero y el proyecto político del Pacto Histórico marcharon, literalmente, en la misma dirección.

Aquí, si quiere ver la intervención del candidato Iván Cepeda en Bogotá

Lo que la fecha sigue diciendo

Ciento cuarenta años después de Haymarket, el Primero de Mayo no ha perdido su sentido. Sigue siendo una fecha de tensión, de exigencia, de memoria viva. Los trabajadores de 2026 enfrentan amenazas distintas a las de 1886 —la inteligencia artificial que automatiza empleos, los contratos precarios de la economía de plataformas, el costo de vida disparado por guerras lejanas que pagan los de siempre—, pero la lógica de fondo es la misma: quienes producen la riqueza del mundo reclaman una parte justa de ella.

En la plaza Haymarket de Chicago hay un monumento que resume todo. Su inscripción dice: «Dedicado a todos los trabajadores del mundo.» No a los de un país, no a los de una ideología: a todos. Esa universalidad es la que hace que este día, al mismo tiempo, sea festivo en Seúl, en Madrid, en Bogotá, en Lagos, en Buenos Aires y en Sydney. Y que en Estambul los policías lancen gases para impedir que los obreros entren a una plaza.

Desde Fusagasugá capital de la Provincia del Sumapaz, departamento de Cundinamarca, Colombia, con las voces de la gente en las calles.

El 1 de mayo no es un recuerdo. Es una pregunta que se repite cada año: ¿Cuánto vale el trabajo de una persona? La respuesta nunca ha sido definitiva. Por eso siguen las marchas.

Fuentes: Wikipedia (Día Internacional de los Trabajadores, Revuelta de Haymarket), Infobae Colombia, El Espectador, Semana, Radio Nacional de Colombia, La Nación (Costa Rica), AP, Milenio, Confederación Europea de Sindicatos.

La Flor que no se Dobló: María Cano, la primera voz obrera de Colombia

Gustavo Petro en su oración del Primero de Mayo de 2026en Medellin, invocó a Maria Cano, valga la oportunidad para presentarla.

Medellín, 1887 — Medellín, 1967

Había algo que los poderosos de la Colombia de los años veinte no podían comprender: que aquella mujer menuda, de manos y pies pequeñitos, de ojos castaños y voz vibrante, que llegaba a los pueblos sin más armas que las palabras, pudiera levantar multitudes. Que pudiera entrar a una mina de oro en Segovia y salir convertida en bandera. Que pudiera viajar en mula, en barco, en ferrocarril —a veces a pie— por casi todo el país, y que donde llegara, la gente se agolpara para escucharla.

Esa mujer era María de los Ángeles Cano Márquez. Y lo que hacía, simplemente, era decirles a los trabajadores colombianos lo que nadie en el poder quería que supieran: que tenían derechos, que tenían dignidad, y que podían organizarse para exigirlos.

Una familia de rebeldes

María Cano nació el 12 de agosto de 1887 en Medellín, en el seno de una familia que parecía diseñada para producir espíritus libres. Su padre, Rodolfo Cano, era un pedagogo librepensador al que destituyeron de su cargo precisamente por encarnar el liberalismo en tiempos de hegemonía conservadora. Su tío, don Fidel Cano, fundó El Espectador. Su sobrino fue el escritor y cronista Luis Tejada. Su primo hermano, Tomás Uribe Márquez, sería uno de los líderes sociales más importantes de la época. Y en la biblioteca de la casa —amplia, rica, abierta—, la niña María aprendió a leer el mundo antes de salir a cambiarlo.

Fue Tomás quien la introdujo en los textos del marxismo. Fue su padre quien le enseñó que pensar distinto no era un pecado, sino una obligación. Y fue ella quien tomó todo ese bagaje y lo convirtió en acción.

Su vida pública comenzó en los círculos literarios de Medellín de los años veinte, en la tertulia «Cyrano» y la revista del mismo nombre, donde era la única columnista femenina. Escribía también en El Correo Liberal bajo el seudónimo de Helena Castillo. Pero la literatura, pronto, le quedó pequeña. O más bien: la realidad que veía a su alrededor era demasiado urgente para quedarse solo en las páginas.

La Flor del Trabajo

En mayo de 1925, los trabajadores colombianos le dieron a María Cano el título que la acompañaría para siempre: «La Flor del Trabajo». No fue un homenaje decorativo. Fue un reconocimiento político en toda la extensión de la palabra, otorgado en una época en que las mujeres no tenían derecho al voto, en que su lugar «natural» era el hogar, y en que irrumpir en el mundo sindical requería una valentía que muy pocas personas —hombres o mujeres— estaban dispuestas a ejercer.

Al año siguiente, en 1926, el Tercer Congreso Obrero Nacional la consagró como «Flor Nacional del Trabajo». En ese mismo congreso, junto a Tomás Uribe Márquez e Ignacio Torres Giraldo, participó decisivamente en la fundación del Partido Socialista Revolucionario (PSR), el primer partido político de influencia marxista en Colombia. Una mujer cofundando el partido político más avanzado del país en ese momento. En 1926. En Colombia.

Las giras: una Colombia que no se veía desde arriba

Lo que María Cano hizo entre 1925 y 1930 no tiene paralelo en la historia del activismo colombiano de su época. Realizó siete grandes giras por el país, recorriendo a lomo de mula, en ferrocarril, en barco y a pie regiones que la política oficial jamás visitaba: Boyacá, Caldas, Valle, Antioquia, Tolima, Cundinamarca, Cauca, Santander, la Costa Atlántica, las riberas del río Magdalena.

No iba como turista ni como curiosa. Iba a organizar. Visitaba fábricas, formaba comités, preparaba manifestaciones. Y hablaba. Con esa voz vibrante que los que la oyeron nunca olvidaron, les explicaba a los trabajadores lo que estaba ocurriendo en el resto del país y en el mundo —porque en esa Colombia de comunicaciones precarias, esa información era en sí misma un acto subversivo.

En Caldas popularizó la consigna de los «tres ochos», heredada de los obreros de Chicago: ocho horas de trabajo, ocho horas de estudio, ocho horas de descanso. Una frase que hoy suena elemental pero que en aquella Colombia de jornadas inhumanas sonaba a revolución.

En Barrancabermeja intercedió por los obreros de la Tropical Oil Company, presos por haber osado hacer huelga. Ante el juez de la causa pronunció palabras que la historia debería conservar: «Cinco mil obreros de Barrancabermeja han querido que mi corazón traiga el eco de su clamor de justicia y el anhelo que ponen sus energías en esta hora sagrada. No vengo a pediros un mendrugo, no vengo a pediros misericordia, sino justicia.»

Justicia, no misericordia. Esa diferencia lo dice todo sobre María Cano.

La represión y el silencio

El gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez no tardó en reaccionar. La represión fue feroz. Encarcelaron a los líderes socialistas de las huelgas. Los soldados dispararon contra los trabajadores. Y la maquinaria del poder —política, eclesiástica, mediática— se volcó contra el movimiento obrero y sus figuras más visibles.

En 1930, cuando surgió el Partido Comunista Colombiano en reemplazo del PSR, María Cano y sus compañeros fueron tachados de «putchistas» y expulsados. La ironía es brutal: incluso dentro del socialismo imperaba un ambiente poco propicio para las mujeres en la política. La misma causa que ella había contribuido a construir la marginó.

A partir de entonces, sus apariciones públicas se volvieron esporádicas. Apoyó la huelga del Ferrocarril de Antioquia en 1934. Tuvo dos apariciones de homenaje en 1945 y 1960. Trabajó calladamente en la Imprenta Departamental de Antioquia y luego en la Biblioteca Departamental. Se retiró del ámbito público tan abruptamente como había irrumpido en él, dejando a quienes la conocían con la sensación de un volcán que se había apagado demasiado pronto.

La medalla que llegó tarde

El Concejo de Medellín aprobó otorgarle una medalla en el marco del Día de la Mujer de 1967, reconociéndola como una de las mujeres más destacadas de Antioquia. Pero María Cano murió el 26 de abril de ese mismo año, el día antes de la ceremonia. Le entregaron la medalla de manera póstuma.

Hay algo muy colombiano en ese gesto: reconocer a quienes más nos dieron cuando ya no pueden escucharlo. Al entierro fue mucha gente. El ataúd estaba cubierto por una bandera de Colombia.

Lo que dejó sembrado

María Cano no dejó un partido en pie, ni una organización que llevara su nombre, ni un cargo político que heredar. Dejó algo más difícil de medir y más difícil de borrar: la certeza, grabada en la memoria de miles de trabajadores colombianos, de que una mujer podía pararse en una plaza pública, mirar a los ojos al poder y exigir justicia sin pedir permiso.

Fue la primera líder política y sindical de Colombia. Pionera del feminismo antes de que la palabra circulara con ese peso. Fundadora de un partido. Organizadora de huelgas. Oradora capaz de mover multitudes en una época sin micrófonos ni redes sociales, solo con la fuerza de la palabra y la legitimidad que da vivir lo que se predica.

La Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) la reconoce hoy como fuente de inspiración permanente. Su nombre aparece en calles, bibliotecas y sindicatos. Beatriz Helena Robledo le dedicó una biografía titulada «La Virgen Roja». Y cada 1 de mayo, cuando los trabajadores colombianos marchan, marchan también sobre el camino que ella abrió —en mula, en barco, a pie— hace casi un siglo.

Menudita y ágil, de voz vibrante y ojos grandes, María Cano recorrió un país que le cerraba puertas y las fue abriendo una por una. No para ella. Para todos los que vendrían después.

El 1 de Mayo de 2026, el presidente Petro le hizo un homenaje, en Medellin, destancándola como una pionera de las luchas obreras en Colombia.

María de los Ángeles Cano Márquez — Medellín, 12 de agosto de 1887 / 26 de abril de 1967. La Flor del Trabajo.

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