EL COVID-19, UNA COYUNTURA CRITICA

La coyuntura crítica actual debe servir, eso sería de esperar, para romper el statu-quo de este mundo desigual y para cambiar el rumbo. Foto Cortesía pensandoamericas.
Por: Max Henriquez Daza Francia

Algo tenía que suceder, era de esperarse. Un sacudón violento e inédito que parara tanto desajuste y desequilibrio en el mundo en que vivimos. Estamos en crisis ambiental por la contaminación y explotación irracional de los recursos naturales. Políticamente vivimos una época de ingobernabilidad por todas partes, porque las sociedades en muchos países están divididas en partes iguales e irreconciliables. Económicamente este mundo es un desastre, con el aumento de la gente con menos recursos y el engrandecimiento del ego y del bolsillo de los más ricos, esos personajes insensibles que pareciera que viven en otro planeta y que solo esperan que su statu-quo permanezca invariable, así mueran millones diariamente de hambre y por falta de oportunidades, y también a causa de las multinacionales, que son monstruos sin cabeza como bestias insaciables e irracionales. Socialmente estamos ad-portas de neo revoluciones sin rumbo ideológico, porque la filosofía murió sin brindarnos alternativas.

La efervescencia iniciada con la primavera árabe ha tomado nuevos rumbos  sin timonel en países latinoamericanos. Nadie sabe a dónde van a parar estos levantamientos populares que hoy no se inspiran en el socialismo del siglo XXI propuesto por Chavez, que fracasó estruendosamente como Cuba hace muchos más años antes y, en general, ni con el comunismo de la órbita soviética y maoista, inspirada en Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, cadáveres insepultos.

Como ambientalista siempre tuve la sensación y la seguridad que nada cambiaría a menos que algo de gran trascendencia pasara. Como meteorólogo he expresado en mis conferencias, clases e informes en los medios, que la tendencia antropogénica generadora del cambio de clima en la Tierra era un proceso irreversible, y que solo los más duros golpes de extremos climáticos nos convencerían de que estábamos avocados a convivir con tragedias y más tragedias por la resposabilidad que nos cabe del aceleramiento, y de llevar a límites extremos el proceso de calentamiento por el que atraviesa el planeta. Como político librepensador no encontré en mis 66 años de existencia respuestas a tanta injusticia social y económica que agobia al mundo. Los regímenes como el comunista de la cortina de hierro, ya desaparecido, ni el modelo capitalista que hoy reina en casi todas partes del mundo, ni el maoismo neomoderno de China transformado en un capitalismo unipartidista y centralista, ni las dictaduras de derecha, y menos, el socialismo del siglo XXI, han sido capaces de dar respuesta a las necesidades humanas y enderezar el rumbo. Vamos hacia el abismo sin opciones en un proceso sin reversa, donde el colapso de la civilización es inevitable.

Desde el inicio de la Globalización económica mundial con el Neoliberalismo y su apertura total, se suponía que íbamos en el camino equivocado. Estos procesos profundizaron las injusticias sociales y ahondaron la inequidad entre unos países y otros, entre las sociedades más desarrolladas y las menos favorecidas, y entre los seres humanos. El hambre se esparció por doquier al tiempo que se agrandaron las ganancias y los rendimientos económicos de los más ricos. Pero lo peor, es que ya no hay sensibilidad, ni misericordia, y estamos sin luz al final del tunel, sin renovación intectual y sin revoluciones sociales confiables que permitan tener esperanzas en el futuro.

No es una posición pesimista, es solo un retrato de una realidad palpable, sobre la que hoy casi todo el mundo recapacita mientras se sufre el encierro obligado del COVID-19. El mundo no va a ser el mismo luego de que superemos esta crisis, que encierra un gran parecido con la de 1.346 por la plaga bubónica o peste negra, transmitida por las pulgas que vivían en ratas llegadas también desde China a través de la llamada ruta de la seda, que utilizaban los comerciantes que iban y venían de Asia a Europa. Los comerciantes genoveses (de Génova-Italia) las transportaron por todo el Mediterráneo (las ratas y sus pulgas), desde el Puerto de Tana-Rusia, en el extremo norte del mar Negro, y tuvo su eclosión como ahora en Europa, antes del comienzo de la primavera de 1.346. La pandemia duró cerca de tres años, hasta 1.348 matando a la mitad de la población de los países por donde se propagaba en toda Europa y el resto del mundo.

La peste negra fue una coyuntura crítica, un acontecimiento que trastornó la vida existente en las sociedades de la época por una confluencia de factores diversos (1). Se cambió el sistema de servidumbres, donde los siervos trabajaban sin remuneración y eran sujetos a multas e impuestos, por contratos remunerados. Recibían su paga por lo que trabajaban y se redujeron al mínimo las multas que sus patrones les imponían. Aunque parezca poco, ese hecho cambió la vida de entonces, al pasar del semi esclavismo de las servidumbres con hambrunas y muerte de millones de personas que practicaban la agricultura de subsistencia, a una independencia relativa de las familias que podían tomar sus propias decisiones de manera limitada.

La coyuntura crítica actual debe servir, eso sería de esperar, para romper el statu-quo de este mundo desigual y para cambiar el rumbo, aunque con ello no se garantice que el futuro vaya a ser mejor, a menos que se logren perfilar y establecer unas estructuras económicas y unas instituciones políticas inclusivas en un mundo donde no haya concentración de la producción en zonas reducidas, sino desperdigadas por todos los continentes, para generar trabajo para todos y en un sistema de vida que permita reducir o acabar las diferencias enormes que hay entre la pobreza y la prosperidad en el mundo.

1. Daron Acemoglu y James A. Robinson, “Porqué Fracasan los Países”. Editorial Planeta colombiana s.a., 2012.

Converso con Dario de Max Henriquez, sobre este tema

Despues de analizar lo que sucede con el Covid 19, en esta conversación, queda la pregunta que pasara en el post covid-19?

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